Pompi Gutnisky

Prêt à porter

Siemprevivas

por Florencia Braga Menéndez

Siempre me perturbó la versión castiza del concepto “still life”. Bodegón y naturaleza muerta no dan cuenta del dispositivo de significación que se desencadena cuando las cosas entran en una dimensión de la representación donde la acción principal se desarrolla en el eje de la suspensión del tiempo, y la definición de still life parece referirse más que a objetos representados a la acción que supone suspenderse, still life hace hincapié en el aspecto “acción” que esto implica, es la condición verbal del acontecimiento suspendido, su “congelarse”.

En la obra de Pompi Gutnisky la actividad de los objetos es el asunto importante. Vale la observación para sus dioramas de taxidermias (años 90), y para sus más recientes objetos personales, para sus deshabitados interiores de arquitecturas prepersonales y, de manera menos evidente, para su bellísima serie de flores. En los cuatro grupos de obra aludida la operación de dote de presencia identitaria de la artista resulta un sofisticado procedimiento cuando no una intrincada complicación.

No me interesa de la fotografía su tekne. No me interesan del arte aquellos campos donde no puede hacer aparición un cuerpo real de ideas propias, una imagen construida en la cabeza y en sus posibilidades, en el alma grande, del artista. Por eso es que me vinculo bastante poco con la fotografia. Sobre todo en la medida en la que veo crecer de manera sobredimensionada la institución que establece los fines y alcances de este nuevo auge de lenguaje.

Sin embargo la obra de Pompi Gutnisky me encanta. Me gusta en serio, me subyuga. Creo que es esta habilidad de esteta que tiene de pararse sobre el mundo como si fuera una suerte de Tiffany en Matrix, viendo en otra velocidad los hechos del mundo. Tomando los objetos con la atención de saber que es su mirada la que los deposita en un lugar estatuto de, precisamente, ese mundo.

Me alegra cuando independientemente del medio que aborde alguien se manifiesta artista. Me fascino en esa generosidad y entrega. Así me fascina la obra de Pompi Gutnisky. Su asombro, o ternura propositiva. Pompi se disuelve en un lobby de hotel verdoso y se escucha el zumbido de la realidad en la escena, pero la fotógrafa no se adivina, no se recuerda. Nada pasa desapercibido a su ojo que hace tareas de rescate de una intimidad ida, como si las cortinas respiraran apenas el movimiento que les imprimió un aire de hace horas, un gesto perdido.

Creo que las flores hacen más claro el gesto. Están ahí. Hermosas porosas frescas, absolutamente vívidas como si fueran parte de un registro útil, publicitario, seductor, como si acompañaran la foto virtuosa de una copa de cristal promocionando una cava de estirpe, pero no. Pero sin copa. Sin cava. Sin marca. Son tulipanes blancos y negros y tantas tonalidades de violeta como un pétalo carnoso pueda transparentar sin más. Presentándose. Solos. Bellos. Protagonistas simples y casi excesivamente expuestos a todo tipo de argumentación malediciente y envidia de entre chicas. Inconcientes de su tragedia, o el tiempo.

Erotismo, erotismo femenino al fin (creo que una cuestión interesante inherente al estatuto y las posibilidades de lo fotográfico es como las marcas de género se acentúan gráciles y felices de tomar distancia entre sí), las pieles delicadas de la carne de la flor muestran la turgencia de lo que no conoce todavía ningún devenir, es puro despertar e inconciencia de la muerte. No huelen aún porque son jóvenes, porque no han penetrado en la dimensión del tiempo, como la rosa del principito no suponen otra actividad que abrirse hidratadas y potenciales a su propia y magnífica corola.

Son lo minúsculo entronizado, aún gigantes y ampulosas, las flores solas de Pompi son lo bello diminuto en tanto su belleza crece ampliada y sostenida, detenida sobre el blanco abstracto del tiempo. Como cuerpos de mujeres escuchando dormidas su propia respiración extinguiéndose indefinidamente fuera del vaso de agua.

Buenos Aires, agosto de 2007



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Pompi Gutnisky | sin título
2003  |  fotografía toma directa. Serie de 7  |  100x134 cm.



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Pompi Gutnisky | sin título
2003  |  fotografía toma directa. Serie de 7  |  100x134 cm.



sin título
Pompi Gutnisky | sin título
2002  |  fotografïa toma directa. Serie de 7  |  80x106 cm



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Pompi Gutnisky | sin título
2005  |  fotografía toma directa. Serie de 7  |  80x106 cm.



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Pompi Gutnisky | sin título
2005  |  fotografía toma directa. Serie de 7  |  80x106 cm.



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Pompi Gutnisky | sin título
2005  |  fotografía toma directa Serie de 7  |  100x134 cm.



Biografía

POMPI GUTNISKY
Pompi Gutnisky ( Buenos Aires, 1962) abandona sus estudios de Biología en la Universidad de Buenos Aires para dedicarse a viajar por Europa y Medio Oriente. A su regreso , a finales de los ‘80, trabaja en el estudio de fotografía de Alejandro Kuropatwa e ingresa al Instituto Nacional de Cinematografía. Trabaja varios años en cine publicitario y largometrajes para productoras argentinas y francesas. Vuelve a viajar, por América y el Sudeste Asiático.
A partir de 1994 decide dedicarse plenamente a la fotografía. Comienza a trabajar en fotografía editorial y publicitaria --con numerosas publicaciones en medios nacionales e internacionales-- y a la vez, realiza su primera muestra individual en ese mismo año en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires. Desde entonces ha participado en varias muestras individuales y colectivas (Galeria Gara ,Elsi del Rio, ICI ,MNBA, Arte x Arte, Villa Victoria, entre otras)
Entre 1997 y 1999 es becaria del Programa para Artistas Jóvenes dirigido por Guillermo Kuitca.organizado por la Fundación Proa, el Instituto de Cooperacion Iberoamericana y el Centro Cultural Borges. Experiencia que extiende al período 2003-2005, participando del Programa para las Artes Visuales Rojas \UBA con direcciòn de Guillermo Kuitca.